Pegado
Pegado a mi cabeza, un pensamiento
del letrargo agridulce de mi ausencia
de las páginas teñidas por el blanco
en tierra de nadie, un teclado machito.
Pegada a mi consciencia, una esmeralda
viajando a ras del suelo mi mirada
por no seguir dejando que mis letras empapadas
en bencina me provoquen carcajadas.
Pegado a mi mesilla de noche, un barco hundido
una mirada psicotrópica, una chinche, un libro
que despliega su bravura por los días que no escribo
y una corteza vacía, y un espigón derruído
y una sarta de mentiras que me cuento yo a mí mismo.

